“Miguicho” nació en Ambato el 2 de agosto de 1949, después tres días su madre fallecía en el trágico terremoto del 5 de agosto; esta sería la primera de mu- chas tribulaciones en su vida. Cuando cumplió 10 años fue llevado a Galápagos con falsas promesas de recibir educación, así que se convirtió en pescador. En 1985 sobrevivió a un naufragio de 77 días, fue por esa angustiosa necesidad de agua dulce que su perspectiva de relación con la naturaleza cambiaría para siempre. Luego, a la edad de 52 años resolvió tener un estilo de vida más saludable aprendió a leer y se ha dedicado al cuidado de las Islas.
Aunque las Galápagos son un área protegida con sus mecanismos de control, Miguicho notó que los animales del lugar son víctimas de la contaminación. Expone que aves, iguanas, tortugas, son afectadas por colillas de cigarrillo que se botan descuidadamente al piso por colonos y turistas. Menciona que hacen sus nidos y que se encontraron albatros muer- tos con colillas en su interior. Al vivir en las islas por más de 60 años puede distinguir preocupado cómo se ha ido perdiendo la biodiversidad en ese lapso de tiempo.
Don Miguel recuerda que el 5 de agosto de 2013 a las 6 am recogió la primera colilla, a partir de entonces sale a repetir la tarea durante 3 horas diarias, a las 9am expone su iniciativa a los visitantes en una carpa que arma en el muelle. Las Galápagos son un destino internacional, por eso la campaña: “Nicotina Asesina al mundo” se difunde en varios países, despertando conciencia para que la gente que visita las Islas “NO BOTE LAS COLILLAS EN EL PISO.”.
“Yo necesito un vaso de agua diario para sobrevivir y si una colilla contamina mil litros ya tengo una buena razón para trabajar”.
“Yo trabajo por los que todavía no nacen. Las próximas generaciones, llorarán y morirán por agua, quedarán monumentos de cemento inhabitados… allá vamos; pero no pensemos que es duro cambiar el mundo, más duro es no hacer nada. Para esta tarea tenemos que ver no sólo con los ojos físicos, sino también con el corazón”
En la zona urbana de Santa Cruz no hay basureros accesibles para transeúntes. La colilla de cigarrillo es apenas una parte del problema, letreros y mensajes de advertencia no son suficientes, hace falta que se involucre la población. Hay desechos plásticos dispersos en calles y terrenos: botellas, tapas, cucharas desechables, incluso la seguridad para equipaje colocada en el control del Ministerio del Ambiente. Se hacen algunas prohibiciones, empiezan a darse pasos para reducir el uso de plásticos desechables, pero no hay regulación sobre el hábito de los fumadores, por eso Miguel manifiesta que la contaminación por cigarrillos es “legal”.
El pasado 10 de febrero de 2018, Miguicho compartió su proyecto en el marco de la sexagésima séptima edición de la Fiesta de la Fruta y de las Flores; jóvenes del Grupo Scout San Juan de Ambato #9 y del Instituto Tecnológico Superior Luis A Martínez, le ayudaron a recoger colillas en un recorrido por su lugar natal. Luego dio conferencias en colegios y universidades en la ciudad de Manta y con apoyo de más actores organizó el primer “Colillatón” en las islas Santa Cruz, San Cristóbal e Isabela, así su iniciativa se va multiplicando.

La fundación “Nicotina Asesina” trabaja arduamente en la concientización. Hasta mediados del 2018, Miguicho recogió, unos 5 quintales de colillas, él solo, logró evitar que esa cantidad contamine de manera irreversible su bello entorno.
1 cigarrillo envenena 1 metro cúbico de agua.
1 cigarrillo tiene más de
40 químicos tóxicos, en
la mezcla con la tierra se convierten en 12.000.
