Adrían Soria
Los incendios forestales se han transformado en un problema común durante los últimos años, arrasando miles de hectáreas de páramos, pajonales y cultivos en la Sierra ecuatoriana. Históricamente los incendios se han provocado cuando se salen de control la quema de malezas para la agricultura o cuando se incendiaba erróneamente el monte para generar lluvia, con el pasar de los años los incendios se han incrementado en número y gravedad.
El mayor incendio del 2018 en el país fue sin duda el ocurrido en las faldas orientales del volcán Atacazo en octubre, cuando se carbonizaron casi 550 has. de vegetación nativa. No hubo víctimas humanas, pero cientos de animales silvestres perecieron quemados.
La causa de este incendio fue realmente vergonzosa, dos cazadores intentando matar un conejo incendiaron una parte de su madriguera esperando que el conejo saliera por el humo, la consecuencia: no solo logró matar al conejo, sino que destruyó un ecosistema clave para cientos de especies de flora y fauna.
El incendio producido en la ciudad de Baños puso en riesgo la integridad física no solo de los pobladores del sector de San Martín sino de todos los animales
del eco zoológico que estuvieron a punto de morir asfixiados, pero fueron rescatados con la ayuda de cientos de voluntarios. La causa de este siniestro
es aparentemente un simple juego de adolescentes, juego que destruyo más de 30 has. de vegetación nativa.
Según datos del Ministerio del Ambiente, sólo en la región central del Ecuador, se incendiaron casi 800 Ha: en Bolívar 300 has., en Cotopaxi 215 has., en Tungurahua 170 has., en Chimborazo 105 has. se han perdido por causa de los incendios forestales.
Ya sean ocasionados de manera accidental, o realizados por pirómanos, que deben ser sancionados con todo el rigor de la ley, ¿nos hemos puesto a pensar
en las consecuencias de los incendios forestales?
Hay consecuencias visibles, cerros ennegrecidos que han perdido toda su vida, sin el croar de las ranas al anochecer, las aves coloridas que engalanaban el
cielo y alegran nuestras miradas murieron quemadas o asfixiadas y las que sobrevivieron se alejaron en busca de un nuevo hogar. Pero más allá de lo visible, la mayor devastación, está en el suelo que ha quedado estéril, porque se perdieron miles de “bichos” que en realidad son insectos, arácnidos, anélidos… que con un tamaño diminuto remueven y oxigenan el suelo, controlan plagas y con su trabajo en grupo polinizan nuestros cultivos.
Mirando hacia el cielo, las columnas de humo que se levantan y se pierden en la atmosfera son el CO2 que provoca el cambio climático, ésta amenaza silenciosa que envuelve al mundo y que ha puesto en peligro la vida en el planeta tal como la conocemos. Cuando se incendia un bosque no sólo se pierde la vida, sino se pierde una porción de magia que envuelve este increíble planeta.

