Adrian Soria
Hace aproximadamente 14 millones de años, mu- cho antes de que el primer ser humano caminara sobre la Tierra, en el Océano Pacífico un grupo de volcanes marinos emergieron por primera vez sobre las olas, dando origen a las Islas Galápagos, archipiélago que hoy en día consta de 19 islas volcánica grandes y más de 100 islotes, ubicado a 1.000 kilómetros del Ecuador continental.
Durante gran parte de la Edad Moderna, se catalogaron como Islas Encantadas o islas del infierno; en 1535 Fray Tomás de Berlanga las reclamó como par- te del Ecuador, quedando olvidadas por más de 3 siglos. Hasta que en 1835 el joven naturalista Charles Darwin las recorrió a bordo del Beagle durante 5 semanas y mediante observación de animales como cucuves, tortugas gigantes e iguanas marinas, determinó que, si bien las especies guardan relación con sus partes continentes, varían ligeramente con ellas, inclusive con los individuos de las diferentes islas; es decir, que las especies no son inmutables, sino que cambian a lo largo del tiempo adaptándose a su ambiente, este es el proceso de evolución biológica. A raíz de la visita de Darwin y la posterior publicación en 1859 de su famoso libro “El Origen de las especies”, la forma de ver a Galápagos cambió, pasando a ser el Laboratorio viviente de la Evolución.
Gracias a este hito para la ciencia, el 4 de julio de 1959, el gobierno ecuatoriano las declaró como su Primer Parque Nacional, a raíz de lo que se inició un período clave para las islas. El turismo empezó con fuerza desde 1960, convirtiéndose rápidamente en el principal generador de ingresos económicos para la localidad. Posteriormente, en 1978, debido a sus ecosistemas únicos, su particular historia geológica, alto grado de endemismo y fragilidad de su entorno la UNESCO las declaró “Patrimonio Natural de la Humanidad”, seis años después como Reserva de la Biosfera. Estos importantes reconocimientos ayuda- ron a que el lugar se convierta en un sitio muy atractivo sobre todo para el turismo internacional.
El crecimiento descontrolado de la población humana en las islas, es un factor a tomar en cuenta al analizar la problemática de su conservación. Según datos históricos, la cantidad de habitantes ha tenido un incremento sostenido a lo largo del tiempo. Los primeros pobladores permanentes fueron reos enviados a la colonia penal de Isabela. Posteriormente a raíz de las guerras mundiales, se inició la llegada de habitantes europeos. Los primeros registros oficiales indican para el año de 1950 unos 1.341 habitantes.
Vale recalcar que un buen porcentaje de personas oriundas de la provincia de Tungurahua llegaron en esa época a raíz del terremoto de 1949-. El último dato oficial es del Censo de Población y Vivienda de 2015, que revela unos 25.244 habitantes viviendo de manera legal en el archipiélago. Es decir que desde 1950 al 2015 la población de Galápagos incrementó en un 1730%, esto sin tomar en cuenta los transeúntes y turistas que la visitan en el transcurso del año.

El gran éxodo hacia las Galápagos se debe principalmente a dos factores independientes, el primero es netamente económico ya que los salarios, en las islas, llegan hasta duplicarse con respecto del Ecuador continental; el segundo es netamente paisajístico, ya que mucha gente empezó a llegar a las islas por su belleza natural y escénica. Esto se sostuvo gracias a las importantes divisas generadas por el turismo, que, con un promedio que supera los 70.000 visitantes en los últimos 5 años, atrae los mayores ingresos económicos de la provincia. La- mentablemente menos del 20% llega a la economía local, mientras que el resto de las ganancias se reparte entre grandes operadoras turísticas, aerolíneas y cruceros del lujo que navegan en sus aguas.
En una época la falta de vigilancia y planificación, hizo catalogar a las Islas como Patrimonio Natural.
Amenazado, lo que sirvió para normar más estrictamente el uso de los recursos naturales y motivar un mejoramiento en los controles.
Más allá de su impresionante ecosistema, Galápagos es un maravilloso ejemplo donde la diversidad de culturas y formas de pensar de sus habitantes está creando un modelo diferente de desarrollo, que, si bien tiene algunos problemas, ha demostrado que es posible vivir del turismo de naturaleza, lo que de por sí, genera importantes recursos económicos.
¿Será posible que en otras zonas del Ecuador se aprecie más la biodiversidad y no tengamos que depender de la explotación de recursos primarios sino de la valoración y contemplación de nuestra naturaleza única?.

Archivo Adrián Soria @caminante de montes
Algunos de los títulos
y reconocimientos internacionales que ostentan
Las Islas Galápagos:
– Islas Encantadas (Siglo XVI)
– Parque Nacional, gobierno ecuatoriano (1959)
– Patrimonio Natural de la Humanidad. Comité de Patrimonios de la Unesco (1978).
– Reserva de Biósfera, Organización de las Nacional Unidas (1985).
– Quinta Maravilla Subacuática del Mundo, Explorers Oceano, CEDAM Internacional (1989).
– Santuario de Ballenas, Explorers Oceano, CEDAM Internacional (1992).
– Reserva Marina de Galápagos, gobierno ecuatoriano (1998).
– Reserva Marina de Galápagos, Patrimonio Natural de la Humanidad. Comité de Patrimonios de la Unesco (2001) (extensión de la primera declaratoria).
– Sitio RAMSAR para Humedales del Sur de Isabela, Convención Ransar (2002).
– Destino turístico con mayor ranking en el mundo, revista Travel + Leisure (2007).
– Mejor Destino Turístico de Lujo Amigable con el Medio Ambiente Luxury Travel Magazine
(2008).
– Primer lugar como Mejor Isla del Mundo, revista Travel + Leisure, (2009), (2011), (2012) y
(2013).
– Destino Verde Líder de Suramérica World Travel Awards Carib bean & The Americas (2012).
– El lugar que debes visitar antes de morir USA Today. (2014)
– Mejor Lugar para la vida silvestre del planeta USA Today (2015)
